
Hace ahora un año escribía en este blog sobre el triunfo de Obama en las elecciones norteamericanas. Titulé aquel artículo "Los pies en el suelo", saludando la llegada a la Casa Blanca de un candidato con el perfil del senador por Illinois, pero expresando mis reservas sobre la profundidad de las reformas que pudiera introducir el nuevo presidente norteamericano. La prudencia y el realismo son siempre buenas consejeras en política, pero uno tiene que saber siempre del lado de quién está y aparcar la equidistancia cuando los adversarios se movilizan para desbancar a quien llega con intención de hacer las cosas de otro modo.
Obama no me ha defraudado. No dudo que el hecho de que personalmente no pusiera muy altas las expectativas en torno a su gestión, ha contribuido a no sentirme engañado. También, el dato objetivo de que en cualquier comparación con Bush sale ganando su sucesor. Pero no podemos negar que en este año desde la victoria electoral -que no de mandato-, el presidente de los Estados Unidos ha dado pasos firmes para hacer efectivo su famoso lema de campaña: "Yes, we can". La apuesta por el multilateralismo en las relaciones internacionales, la orden de desmantelamiento de la prisión de Guantánamo, la renuncia al escudo anti-misiles en Europa del Este, el compromiso en la lucha contra el cambio climático, la mano tendida al mundo islámico, el apoyo a los colectivos homosexuales... Y ahora, el primer ladrillo en la necesaria reforma sanitaria.
El visto bueno del Congreso al nuevo sistema de salud que dará cobertura a 50 millones de ciudadanos que ahora no tienen seguro, es el primer escollo que ha salvado Obama en esta batalla crucial de su presidencia. Por supuesto que ha tenido que ceder en algunas pretensiones: en eso consiste una negociación. Pero esa habilidad para conseguir adhesiones a una causa de interés general es la que demuestra su valía personal y política.
A Obama se le ha exigido en un año más que a ningún otro dirigente. Pero los buenos políticos son corredores de fondo. Quienes sucumben a la tentación del efectismo y toman decisiones a golpe de encuesta, o quienes se empeñan en gobernar sin pragmatismo, son flor de un día. Puede que el presidente de los EE.UU. haya defraudado a los votantes más de izquierdas, pero ha demostrado que está decidido a llevar adelante sus ambiciosos proyectos, con valentía y determinación, pero respetando las formas y buscando el mayor consenso posible. Aunque haya que ir despacio y se quede corto; la alternativa es la inmutabilidad.
La carrera no ha hecho más que empezar y el buen atleta sabe que, después de una salida impecable, hay que dosificar fuerzas para llegar con posibilidades a la meta.








